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Homenaje a Jorge Romero Brest

Edgardo Gimenez

Del 11 de Mayo al 18 de Junio de 2006  - Entrada: libre y bratuita

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Inaugura jueves 11 a las 19 hs. Texto de Alberto G. Bellucci Director a/c MNBA / Según se cuenta, en el principio Dios creó el cielo y la tierra los llenó de formas diversas y pintorescas, triangulares como las montañas, puntiagudas como las estrellas, redondeadas como las mariposas y ondeantes como el mar. Así fueron formándose todas las plantas y los animales, las flores y los peces, las algas y los leopardos, y vió Dios que el resultado era bueno. Sin embargo les faltaba algo importante: el don de la sonrisa. Fue entonces cuando trazó con su brazo un medio círculo en el aire y creó el arco iris, volcando sus siete colores sobre el mundo, gracias a lo cual las criaturas y las cosas se iluminaron y aprendieron a sonreir. Para tener con quien compartir las sonrisas de ese mundo joven, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y un poco después porque hay quien opina que se había excedido en la cantidad de dicha prevista- decidió crear a la mujer. Esa primera pareja, despreocupada y feliz, se fue reproduciendo y multiplicando en otras parejas o desparejas- que al principio con la inconsciencia de la infancia y más tarde con la picardía de la juventud, se dedicaron a jugar entre ellas y a corretear a sus anchas por el paraíso, apropiándose de pétalos y pieles, de pájaros y frutas que regaron con brillos de estrellas y gotas de colores del arco iris. Y ya no se llamaron Adán y Eva, sino Carlos y Dalila, Delia y Pablo, Edgardo, Alfredo, Marta y otros más que, en la etapa posterior e inevitable de ser identificados, acabaron llamándose los ´pop´. Eso sucedió en la Argentina, hacia fines de los años cincuenta. Fue entonces cuando apareció sobre ellos Jorge Romero Brest, el guardabosque mayor del paraíso, y los cobijó bajo sus alas (porque verdaderamente tenía alas, ocultas bajo el saco durante el día pero desplegadas por la noche gracias a la combustión sempiterna de su pipa). A primera vista asustaban su corpulencia, los gestos amplios, su calva monda y lironda y esos enormes anteojos que el travieso Edgardo, uno de sus más fieles alumnos, imaginó de una vez para siempre como patillas encendidas de fosforescencia. A veces atemorizaba la posibilidad de una crítica dura o la inminencia de su veredicto, ya que JRB no solía ocultar ni disminuir los decibeles de sus opiniones y decisiones. Pero lo cierto es que a lo largo de los años JRB se convirtió, por derecho propio y merecimientos prolongados, en el cacique natural de la tribu artística, y no sólo de esta minitribu ´pop´, por la que siempre guardó un cariño especial, sino también de aquellas otras que al mismo tiempo preferían ver y comunicar aquella otra parte del paraíso, constituida por las ramas secas, los incendios y las tragedias recurrentes. Después de siete años y medio de ser guardabosque del invernáculo mayor del paraíso, llamado Museo Nacional de Bellas Artes, JRB pasó a ser el jefe del vivero experimental más fértil y excitante que se recuerde, vale decir el Instituto Di Tella. En ambos casos fue tenido por oráculo y profeta, brujo y gurú del arte, personaje amado y discutido como pocos, y amplio como pocos en la magnitud y el nivel de sus conocimientos estéticos y en la rectitud de sus convicciones morales. Ahora, a diecisiete años de su pasaje definitivo a otras parcelas del paraíso, desde donde seguramente sigue observando el desarrollo de nuestro arte con guiño cómplice detrás de sus anteojos, JRB es recordado por la imaginación, el esfuerzo y la generosidad personal de Edgardo Giménez, aquel cupido desmelenado del ´pop´ vernáculo de antaño, devenido desde entonces en protagonista original y fertilísimo de la pintura, el diseño gráfico y la escenografía. Por todo eso, no tengo dudas de que el doble homenaje de Edgardo a su mentor, concretado a través de este magnífico libro y de la exposición-instalación llevada a cabo en el MNBA, revivirá el circuito luminoso y desinhibido que hace medio siglo alumbró nuevos territorios y expresiones del arte argentino que hoy se han transformado en historia viva y en gozosa memoria perdurable.

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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