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Amores Posibles: 13 rosarinos / 7 ensayos

Participan de Amores Posibles Curadora: Nancy Rojas

Del 09 de Junio al 15 de Julio de 2006  - Entrada: libre y gratuita

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Inaugura viernes 9 a las 19 hs.
Sobre la muestra / Amores posibles se desarrolla como un ensayo curatorial, donde será la figura de la vinculación entre la producción de pares de artistas la que se repetirá en cada bloque de la exposición. Esos diálogos estructurarán la muestra encarnando el supuesto alegórico de los “amores posibles”. Aquellos que se circunscriben a un mundo de decisiones curatoriales caprichosas, o bien, a una suerte de azar. La elección de esta modalidad de estructura tiene que ver con que el arte contemporáneo está atravesado por múltiples referencias. Y hay encuentros que generan cierta atmósfera, dada por el choque o la reafirmación del sentido de lo uno en relación a la otro. Justamente, este proyecto avanza sobre una mirada posible en torno a algunas líneas de producción provocadas por esos encuentros. Encuentros que, hacia la esfera del relato, potenciarán una lectura probable y tendenciosa: la de la insolencia acarreada por cierta zona de las estéticas contemporáneas. Los diálogos: Como se señala anteriormente, la exhibición se plantea sobre la base de un recorrido apoyado en una misma táctica para pensar el montaje. Se prevén dos zonas posibles, que se definirán según parámetros determinados por cualidades materiales, modalidades procesuales, o por líneas conceptuales. En la primera zona de este ensayo, los diálogos estarán atravesados por síntomas estéticos e intenciones más intimistas: -En el rango de las cualidades materiales se hallan relacionadas las obras de Marcelo Villegas y Leo Battistelli. Todas sus instalaciones están atravesadas por cierto ímpetu estético y formal hacia la particularidad de la factura. Sus piezas de cerámica delatan la fragilidad de la producción en el seno de las vinculaciones que ellos mismos establecen con el espacio de lo estrictamente formal, o bien, con el mundo natural en un planteo donde queda desplazada toda intención mimética. -En otro apartado ubicamos a aquellas producciones que establecen un lazo muy fuerte con el ámbito de lo subjetivo. Aquello que puede resultar invisible a la mirada habitual, pero que transporta un sentido destinado a tantear lo ambiguo por balancearse entre los cánones de la extrañeza y de la obviedad, de lo cotidiano y de la subjetividad. Aquí hallamos a las obras de Claudia del Río y Andrea Ostera. La autenticidad de sus lenguajes, que se abre desde la fotografía hacia otros medios, las ha constituido en artistas sumamente influyentes para los creadores emergentes de Rosario. -En el campo de lo proyectual, hallamos la producción de Lorena Cardona y Eugenia Calvo. Artistas de una generación reciente cuyas obras son el puntapié para comenzar a hablar de una zona destinada a mostrar la “irreverencia de los lenguajes”. Estado de la producción contemporánea determinado, en esta expo, por los vaivenes del riesgo. Ambas artistas incorporan tanto la esfera de lo subjetivo como la de lo conceptual. Sus trabajos, basados en proyectos abiertos, esbozan algunas líneas autorreferenciales que, por momentos, dejan entrever cierto halo de docilidad a la vez que tienden a mostrar un desbordamiento generador de cierto síntoma: el de lo tragicómico-perverso. En la segunda zona de la muestra, los diálogos profundizarán ciertos juegos exagerados con el lenguaje. Es posible remarcar algunas particularidades de estas vinculaciones: -Las obras de Adrián Villar Rojas y Sebastián Pinciroli, que se presentan a través de propuestas individuales y diferentes en cuanto a modalidad de construcción, tienen una cualidad en común: proponen relatos donde la tragedia queda exhibida desde la ficción. -Las obras de Carlos Herrera y Roberto Echen se vinculan en un contexto cuya característica principal es el discurso en torno a la naturaleza de lo perverso. -Las instalaciones de Mauro Guzmán y Román Vitali se encuentran en un plano donde la propia irreverencia de sus lenguajes edifica situaciones de riesgo, pero desde polos opuestos a nivel de elaboración formal. Los lenguajes artísticos muchas veces exasperan sus propias posibilidades de lo inédito, mostrándose propensos a la idea de decir algo, algo que surge de la misma resignación del lenguaje cuando éste llega a su punto límite: el del desborde. Es el caso de casi todas las obras objetuales de Carlos Herrera, Mauro Guzmán y Román Vitali, cuyo ímpetu de construcción, destrucción y/o construcción-destrucción se transforma en bandera de connotación de cierto tipo de tragedia. Justamente ese es el riesgo de la contemporaneidad, donde la apertura a la disgregación y la locura alimentan la necesidad de corromper las reglas de los lenguajes. Hoy es evidente que un halo conceptual empieza a sondear el clima de cierto tipo de producción, pues los artistas han optado por corroborar que es posible un discurso de la violencia en la instancia precisa de corrupción del lenguaje. Inclusive, sucede en el campo de la pintura, donde el ejemplo más puntual se halla en el planteo de Roberto Echen. Artista y curador que siempre trabaja partiendo de una reflexión sobre la imposibilidad de la representación desde el mismísimo ámbito de la producción pictórica. Las obras de Adrián Villar Rojas y Sebastián Pinciroli llevan este planteo al campo de lo ficticio-fantástico, donde ya no hay aspecto real que cuestionar. Desde distintas modalidades visuales, ambos crean un universo imaginario a partir de ciertas imágenes cliché generadoras de un campo de complejidad visual y conceptual atractivo. Tanto en las pinturas de Pinciroli como en las obras de Villar Rojas, se entremezclan aquellos mundos emparentados con la ciencia ficción, a veces de una forma muy romántica y otras de una manera fabulesca y a la vez macabra. Ahora bien, no necesariamente la corrupción del lenguaje se da a partir del gesto de la ruptura o del desplazamiento hacia lo irreal, sino también en el proceso de un “construyendo sin cesar”. Es el caso de Román Vitali, quien arma sus piezas tejiendo cuentas de acrílico. Sus tejidos transportan otra sintonía, muchas veces trágicas, no solo por la maleabilidad de la pieza sino por la idea de que todo puede desmoronarse o de que por el contrario, nada podrá desintegrarse. Esta segunda zona de la muestra se halla abierta también a otras perspectivas circunstanciales posibles. Quizás lo más notables es que las miradas selectas ponen de manifiesto una constante: el relato es en todos estos casos la vía de la irreverencia. Pues hay un dejo de ambivalencia en torno a situaciones trágicas y diversamente perversas. De manera que se abre el campo a escenarios en donde lo extremadamente cómico puede suscitar la intermitencia de lo terrible; lo terrible puede fugarse hacia lo cotidiano, y lo fantástico, balancearse entre los bordes de la duda. Posibilidades que ponen de manifiesto la pretensión de un clima de insolencia, que en definitiva constituirá el temperamento de esta propuesta.
 
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