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Album

Román Maltz

Del 05 de Septiembre al 25 de Septiembre de 2018 - Inaugura: 18.30hs  - Entrada: libre y gratuita

 
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Curador: Lucas Marin.

Roman Maltz como un coleccionista o  un archivista compulsivo acumula fotos, revistas, objetos, telas, pieles, conformando un magma de sobreabundancia permanente, que pasará a ser la fuente de su trabajo.
 
Su punto de partida, esta vez, es una pelea de boxeo clásica, y desde ahí surge una serie de obras bajo la lógica del collage, donde hay pinturas-collages, instalación, video y esculturas.
 
El artista hace uso de la memoria visual de la sociedad del espectáculo, se comporta como un cazador de imágenes capturadas en su clímax. Las figuras se superponen, arman nuevos montajes y articulan un álbum personal que se transforma en un Aleph. 

TEXTO CURATORIAL

 
  • Lucas Marín
Álbum de figuritas de ídolos de infancia y deseos de adolescencia, archivo bizarro donde los tiempos se cruzan y se mezclan la violencia, el placer y el humor; atlas de una memoria colectiva; carpeta de viaje del artista que rescata materiales de Vietnam, Francia, Cuba, Alemania y los mercados de pulgas de Buenos Aires para adherir a sus trabajos.
 
Las obras aquí reunidas son cuadriláteros donde todo esto se pone en juego, o entra en lucha. Roman Maltz como un coleccionista o un archivista compulsivo acumula fotos, revistas, objetos, telas, pieles, conformando un magma de sobreabundancia permanente, que pasará a ser la fuente de su trabajo. Su punto de partida, esta vez, es una pelea de boxeo clásica, y desde ahí surge una serie de obras bajo la lógica del collage, donde hay pinturas-collages, instalación, video y esculturas.
 
El artista hace uso de la memoria visual de la sociedad del espectáculo, se comporta como un cazador de imágenes capturadas en su clímax. Las figuras se superponen, arman nuevos montajes y articulan un álbum personal, que básicamente refiere a las décadas de 1960/70, infancia y adolescencia del artista. Pero Roman intenta ir más acá en el tiempo, conformando un atlas caprichoso de luchadores, pieles y torsos desnudos, un panorama recargado de retratos icónicos que emergen de plantas carnívoras, una vitrina de reliquias de un viejo boxeador, un video burlón en continuado.
 
En una de sus esculturas, un monolito está plagado de retratos de viejos artistas de cine (casi como fósiles en la roca) del que emergen decenas de dedos de diversos tamaños. Nos señalan, nos quieren tocar, brotan del mundo de la imagen y se corporizan. El tacto se vuelve explícito aquí, y funciona como clave de la muestra que busca la materialidad de la imagen hasta hacer un uso indiscriminado, profanando diversas superficies.
 
Los dedos de la imagen nos tocan, entramos al álbum que se transforma en un Aleph.

El público de la pelea de Cassius Clay con Ringo Bonavena se ha convertido en manchas de piel de jaguar, como trofeo de caza se despliega en el fondo de la escena, se oyen rugidos. Los peleadores disponen sus torsos, levantan sus puños, coronarán su triunfo con moretones, caminarán por la noche con sus tapados de piel.
 
El cuerpo desnudo de la Coca Sarli es deglutido por una planta carnívora. No sabemos cuanta carne se le puede devorar a la imagen o si son las imágenes las que terminarán por consumirnos. Ellas tienen cuerpo, epidermis de papel (y otras veces de luz). Luchan con su brillo y opacidad, han creado la guerra para aparecer, cada imagen tapa a la otra, desfilan como ejércitos.
 
Los afiches y las banderas del país de la imagen tienen puños también levantados. Los líderes políticos del mundo pasado, miran la escena desde sus torres en lo alto de las enredaderas de las plantas maléficas. Entre la multitud del ejército y del público se venden habanos, figuritas y revistas eróticas.
 
Llega la hora de la pelea de Catch, Nixon se despide, Bonavena canta su canción, los presidentes se marchitan de a poco, entra a escena La Momia con sus vendas hechas con los dorsos de viejos lienzos, de pinturas negadas. La Momia ocupa el centro del mundo, lleva en su interior gritos de niños y gemidos sexuales, pero ella es muda. Va a enfrentarse con el gran Martín Karadagián, para al fin poder desnudarse y ver las imágenes que lleva en sí.
 
Está por comenzar la lucha, hay un silencio espectral, pasa el enigmático Hombre de la Barra de Hielo, mientras, en el cielo caen bombas lentamente. El Che es el relator del combate y Bela Lugosi el árbitro. Empieza la pelea que dura miles de rounds. La toma de La Momia parece mortal, sin embargo salen empatados.
 
Todos aplauden y gritan, los niños ríen, los ejércitos vuelven a sus puestos, riegan el mundo con Napalm; el monstruo de Frankenstein pasea porque a él nada lo hiere; algunas imágenes hacen ebullición e implotan.
Tiempo después, unos arqueólogos rescatan viejos objetos y reliquias de un boxeador, dicen que es cubano, aunque no se sabe bien. Entre sus objetos personales hay un par de guantes gigantes. Dicen los que saben, que algunas noches de luna llena, los guantes se elevan y pelean con su sombra.
 
Lucas Marín
Agosto 2018
 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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